Eva María Masías partirá a finales del próximo mes de abril hacia el distrito de Ventanilla provincia de Callao (Perú) como voluntaria en la Comunidad de Niños Sagrada Familia con el fin de garantizar los servicios básicos de los más de mil niños de la calle acogidos por esta institución, así como la instalación de una planta de agua potabilizadora en Pucallpa, en la selva amazónica peruana, con un coste de 27.800 euros. Desde que se ha conocido tal acción solidaria, a título totalmente personal por parte de la portavoz y edil de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Ciudad Real, muchas han sido las personas, empresas y colectivos interesados en aportar su granito de arena. Para hacerlo, se puede realizar un donativo en el número de cuenta ES10 0237 0210 3091 6304 0735 o Bizum al código 01390. Conozcamos un poco más este proyecto de cooperación y la motivación de Masías.
Pregunta.- Eva, ¿por qué ha decidido embarcarse en un proyecto de cooperación internacional?
Respuesta.- La solidaridad siempre ha sido una inquietud y un valor esencial en mi vida, al igual que sucede en el caso de muchas otras personas. Tengo el firme convencimiento de que, si tenemos la posibilidad de ayudar, debemos hacerlo. La idea de colaborar con la Comunidad de Niños Sagrada Familia surgió tras conocer de primera mano su inspiradora historia y el impacto positivo que han logrado en la vida de tantos niños. Esta comunidad nació del dolor y la empatía, cuando su fundador, Miguel Rodríguez Candia, perdió a su hijo y, en medio de su duelo, decidió volcar su energía en rescatar a niños abandonados y sin hogar, algo lamentablemente frecuente en esa zona por la pobreza y la vulnerabilidad económica y social.
Ya he estado en otros pueblos y comunidades de España ayudando, en la Dana en Valencia, en Galicia con el Prestige…, pero me faltaba, egoístamente hablando, hacer voluntariado en el extranjero, más allá de nuestras fronteras. Y digo egoístamente porque creo que al final recibiré muchísimas más cosas de las que yo pueda aportar, que confío en que sean muchas.
P.- Hábleme de la Comunidad de Niños Sagrada Familia.
R.- La Comunidad de Niños Sagrada Familia es una institución humanitaria fundada hace más de 35 años, dirigida por Miguel Rodríguez Candia, donde se acoge y educa a 1.200 niños en situación de extrema vulnerabilidad en Ventanilla, Callao, una de las provincias al norte de Lima y de las más empobrecidas de Perú. Este centro se ha convertido en un refugio seguro para niños y jóvenes que, de otro modo, estarían expuestos a la pobreza, la violencia y la exclusión social. Esta comunidad les da total cobertura en sus necesidades más básicas, como alimentación, higiene, pero también educación y trabajo. Es una comunidad autofinanciada, su filosofía es dar la caña antes que dar de comer pescado; cuenta con talleres formativos de carpintería, panadería, serigrafía, cerámica, costura, etc., para dar un futuro profesional a los niños desde los 2 años hasta el fin de su etapa escolar (quinto de secundaria). Además, dispone de una población de universitarios que también fueron niños de la calle, recibieron becas y ahora, siendo médicos, enfermeras…, ayudan en la Comunidad.
P.- En concreto, ¿cuál es el proyecto en el que va a colaborar?
R.- Mi compromiso no sólo se limita a brindar apoyo presencial y colaborar con la Comunidad de Niños Sagrada Familia, sino que también me he propuesto liderar una campaña de recaudación de fondos para la instalación de una planta potabilizadora de agua. Actualmente, muchas comunidades de la región, incluyendo varias etnias indígenas que habitan en la selva peruana, carecen de acceso a agua potable. Esto no solo compromete su salud y bienestar, sino que también perpetúa un círculo de pobreza y enfermedad que dificulta su desarrollo. Con esta iniciativa, buscamos proporcionar agua limpia y segura a más de 5.000 personas, incluyendo a cientos de niños que hoy en día se ven obligados a consumir agua contaminada lo que, estadísticamente, eleva la mortalidad infantil en esa zona.
Buscamos proporcionar agua potable a más de 5.000 personas, que hoy en día se ven obligadas a consumir agua contaminada
P.- ¿Cómo surge la idea de colaborar con esta causa?
R.- La idea de colaborar con la Comunidad de Niños Sagrada Familia surgió tras conocer de primera mano su inspiradora historia y el impacto positivo que han logrado en la vida de tantos niños. Esta comunidad nació del dolor y la empatía, cuando su fundador, Miguel Rodríguez Candia, perdió a su hijo y, en medio de su duelo, decidió volcar su energía en rescatar a niños abandonados y sin hogar.
En paralelo, cuando conocí la situación de las comunidades nativas en la selva amazónica, donde la falta de agua potable es un problema crítico, comprendí que debía hacer algo más. No se trata solo de una mejora en la calidad de vida, sino de una cuestión de supervivencia. La contaminación del agua provoca enfermedades mortales como diarreas severas, cólera y gastroenteritis, y muchos niños mueren por causas evitables. Por ello, decidí sumar esfuerzos para lograr que la potabilizadora de agua sea una realidad.
P.- ¿Qué impacto espera que tenga esta potabilizadora de agua en la comunidad?
R.- El impacto de la potabilizadora será inmenso y transformará la vida de miles de personas. Se estima que el acceso a agua potable puede reducir hasta en un 50% las enfermedades diarreicas en la población infantil y disminuir significativamente la mortalidad infantil. No solo se trata de agua limpia, sino de garantizar derechos básicos como la salud, la educación y el bienestar.
Además, este proyecto tendrá un impacto a largo plazo. Al evitar enfermedades recurrentes, los niños podrán asistir con regularidad a la escuela, lo que mejorará su rendimiento académico y sus oportunidades de futuro. Por otro lado, se reducirá la carga para los sistemas de salud locales, que actualmente deben atender numerosos casos de enfermedades prevenibles relacionadas con el consumo de agua contaminada.
P.- ¿Cómo pueden colaborar las personas que deseen ayudar?
R.- Cualquier persona puede ayudar de distintas maneras. Una de las principales formas es a través de donaciones económicas (con un donativo en el número de cuenta ES10 0237 0210 3091 6304 0735 o Bizum al código 01390), ya que el presupuesto total para la construcción de la potabilizadora asciende a 27.800 euros. También es fundamental la difusión de la iniciativa, ya que cuanto más alcance tenga, más posibilidades hay de sumar apoyos. Además, quienes lo deseen pueden involucrarse en actividades solidarias o participar en los eventos de recaudación que estamos organizando.
La generosidad de las personas es inmensa y cada donación nos acerca más a nuestro objetivo. Es un reto grande, pero juntos podemos lograrlo
P.- Además de ayudar en la comunidad, está promoviendo una campaña de recaudación. ¿cómo va la iniciativa?
R.- Estamos muy ilusionados con la respuesta de la gente. La generosidad de las personas es inmensa y cada donación nos acerca más a nuestro objetivo. Sabemos que es un reto grande, pero también sabemos que juntos podemos lograrlo. Incluso he llamado a Perú donde me he puesto en contacto con el padre de Joaquín Galdós, uno de los toreros peruanos como Roca Rey de mucha repercusión en su país. La llegada de donativos me está sorprendiendo para bien, no he parado de agradecer la respuesta solidaria de la gente.
Todo lo recaudado se está gestionando a través de la Fundación EMET, una gran ONG española que goza de gran prestigio y reconocimiento en España.
La solidaridad no tiene fronteras. A veces, un pequeño gesto puede significar un cambio enorme en la vida de alguien. Si todos aportamos un poco, podemos lograr un impacto positivo y duradero.
P.- ¿Qué le gustaría se hubiese realizado a la vuelta de este gran viaje solidario?
R.- No quiero construir castillos en el aire ni marcarme un objetivo personal, no sé si conseguiré llevar una potabilizadora, media o un cuarto, lo que sí sé es que estoy muy ilusionada y todos los donativos serán muy bienvenidos, desde 1 euro hasta lo que cada uno pueda aportar. Una donación por cierto que no es de Eva Masías, sino de mi gente, de mi ciudad y de mi pueblo, yo no voy por medallas ni por placas.
Somos unos privilegiados por haber nacido donde hemos nacido y tener las comodidades que tenemos. Quizá soy muy quijote y utópica, pero creo en el poder de las personas anónimas que trabajan por crear un bienestar y un confort a otras personas. Si cada mañana en esta marabunta pensáramos qué podemos hacer, un solo un euro allí son diez soles con los que se pueden comprar más de 50 litros de leche… Mi objetivo es muy egoísta: ver y comprobar in situ que lo que nos parece tan lejano existe, no es ficción, y que hay gente que deja sus cosas, sus casas y sus familias por ayudar a gente que no conoce.
Si cada mañana pensáramos qué podemos hacer, un solo un euro allí son diez soles con los que se pueden comprar más de 50 litros de leche
Sé que voy a sufrir, no hay duchas ni baños y la comida no es como aquí; dejo mi zona de confort, voy como una voluntaria más, pero todo ello se compensa con creces por las vivencias, la experiencia, el conocimiento y el ponerme en los zapatos de otras personas, algo muy valioso que voy a transmitir a mis cuatro hijos. Si consigo inculcarles la idea de que la vida no va de tener el mejor Iphone y si además puedo llevar a la Comunidad de Niños Sagrada Familia un trocito de esperanza, mejorando su salud y evitando muertes, mejor que mejor.
P.- ¿Le ha transmitido algo el Ayuntamiento de Ciudad Real?
R.- Por ahora no. Es un proyecto solidario particular, empleo mis vacaciones en esta acción de cooperación, me hubiese gustado tener algún respaldo porque existe una concejalía de Cooperación Internacional, pero entiendo que es algo de carácter privado. No obstante, estoy muy contenta porque hay mucha gente que quiere ayudar.